I
Usted no se mueva de esa sombra.
Trate de ser y confórmese,
en esta alegoría de la vida.
Yo, he decidido irme.
Remendar el tiempo
con el hilo invisible
hacia el milagro
el tiempo inagotable
y esperar en la máquina de los dìas
la contraseña de la vida...
II
Sosténgase.
tiene un minuto para sentir felicidad
o caerse...
Yo, debo irme.
por todas las lastimaduras
de este río,
por el agua solitaria, esperando el final
sumergida en sus ojos de arena,
o me llene de besos la locura.
III
Ese silencio enterrado,
ese día callado en los huesos,
esa espera ardiente en el trópico
de la noche.
Tejiendo desde el amanecer
mientras
el hambre por sus manos
regresa y me contrae hacia todos
los sentidos.
IV
Usted
que se abre a la nostalgia
(de tanto en tanto)
y se entrega furibundo
a la embriaguez de la luna,
no me siga.
Quédese mientras
sorbe de a gotas miserables
las dádivas del placer.
Quédese
para bien del sueño
para el mal verdadero.
V
Voy sin luz
por cada rincón de mi cuerpo
ojos salados e insomnes
ojos de mentira.
brazos sin árbol
dientes apretados
el viento en contra.
Voy
por tu memoria y exiguos juramentos
que perdieron vigencia
cuando perdí esa esperanza.
Ahora debo irme.
¡Que me salven los versos
del poeta
o me fusilen!
Sandra López Paz (del libro "Nombrar los nombres")
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