Compartiendo con ustedes, mi vida

Desandar mi rostro
sobre el espejo negro
regresarme al jardín
de los abuelos.
Probé la sal
de los gusanos
los higos rotos
que alfombran el camino
del cielo
a mi descenso.
De las alteas rosasenarboladas
con mis globos perdidos.
Oh! la higuera
inmaterial de la siesta
de ásperos secretos.
Me llama ese rostro
con manos de fuego
y corazón de azúcar
cuerpo desgarbado
pero altivo
bifurcado rostro
de paloma
y palabras.
Me regreso a las noches
solitarias
-que fueron muchas-
y cuento los besosde las paredes
de los suelos ajenos
de los otros sueños.
Rayuelas de mar
invocándote,
mi Aquiles.
Oh! Magnolia adolescente
firme en la espera
de su talle.
De la religión:
me debo el bardo
de la vida.
Vine existiendo
-a propósito de dioses-
en este insomne
relicario
de sándalo y cerillas.
-y el miedo a vivir-
Aromas que adolescían
de santidad mundana.
Oh! las liturgias
de tu piel sagrada.
Y los versos
en la espalda de siempre
y las coplas
suspendidas en estrellas.
Y mis manos
de la batea al puente
buscando
al ángel.
De mi memoria
fragmentos caídos
de mí misma.
Un duende triste
por los hospitales
evadiendo
la noche.
Oh! la espuma de la muerte
que ha dejado el silencio
de esos años.
Ejercicio vencido.
De la palabra
a la sangre,
soy
la que espera.
Oh! la palabra
y el tiempo.
Sandra López Paz (del libro "La voz del ausente")

Desandar mi rostro
sobre el espejo negro
regresarme al jardín
de los abuelos.
Probé la sal
de los gusanos
los higos rotos
que alfombran el camino
del cielo
a mi descenso.
De las alteas rosasenarboladas
con mis globos perdidos.
Oh! la higuera
inmaterial de la siesta
de ásperos secretos.
Me llama ese rostro
con manos de fuego
y corazón de azúcar
cuerpo desgarbado
pero altivo
bifurcado rostro
de paloma
y palabras.
Me regreso a las noches
solitarias
-que fueron muchas-
y cuento los besosde las paredes
de los suelos ajenos
de los otros sueños.
Rayuelas de mar
invocándote,
mi Aquiles.
Oh! Magnolia adolescente
firme en la espera
de su talle.
De la religión:
me debo el bardo
de la vida.
Vine existiendo
-a propósito de dioses-
en este insomne
relicario
de sándalo y cerillas.
-y el miedo a vivir-
Aromas que adolescían
de santidad mundana.
Oh! las liturgias
de tu piel sagrada.
Y los versos
en la espalda de siempre
y las coplas
suspendidas en estrellas.
Y mis manos
de la batea al puente
buscando
al ángel.
De mi memoria
fragmentos caídos
de mí misma.
Un duende triste
por los hospitales
evadiendo
la noche.
Oh! la espuma de la muerte
que ha dejado el silencio
de esos años.
Ejercicio vencido.
De la palabra
a la sangre,
soy
la que espera.
Oh! la palabra
y el tiempo.
Sandra López Paz (del libro "La voz del ausente")
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