lunes, noviembre 18, 2013

RETORNOS

Compartiendo con ustedes, mi vida





El humo del tren inauguraba el día. Nuestro padre, sacaba los boletos mientras mi madre se apresuraba a buscarnos asientos en el vagón colmado de aromas tostados y dulces, de voces que se unían en esa babelandia de oficios y esperanzas que sobre el riel, avanzaban a los puertos de todos y de nadie, a los colmenares ateridos de humanos y mundanos sueños.
Hasta llegar a la Ciudad de los Jazmines, se mantenía todo en su quietud interior, en su armonía lacónica, víceras atravesadas por el ayuno y el desvelo; ojos y ojeras de pensamientos vidriosos que miraban hacia adentro.
Un mundo violeta se iba despertando al son de los Ambulantes, que golpeban las ventanas del vagón y nos pedían pastillas para el insomnio, sahumerios opiáceos y tabaco de Cu&Ba.
Esfedro solía subir en Musos, nadie sabía ni fue testigo nunca en qué estación bajaba. Los Guardianes del Viaje, dicen, se hartaron de hipotetizar sobre la cortada de Esfedro, y en los Archivos Civiles de Retorno, nunca existió tal nacimiento.
Solía sentarse sobre las rodillas de los ancianos y dormirlos para siempre en el vaivén del viaje. A mi abuela le tocó dormirse en agosto del ochenta y nueve, apenas cumplidos mi gemelo y yo, los seis añitos.
Este camino azul rosa se terminaba en la Ciudad del Sueño, un enorme cairel de luces y estrellas, y los abuelos se despedían de sus males y muletas en barcos de rosas.
Lo más hermoso, sin duda, era ver el tornasol de las calles alfombradas de pétalos y percibir entre susurros una voz dulce que entonaba “...dejando pétalos de amor, como cenizas de un volcán...”
Pero el fuego se encendía en la próxima parada. Explotaba el tren en un mundo de caos y de locura, los Agitadores subían el volumen de sus radios y nos atormentaba el discurso del Pope tanto como los demoníacos tatuajes de los Consagrados. Mi madre nos envolvía en su regazo cálido, tapando nuestros oídos, besándonos por el temor y el espanto, hasta que al cabo de una hora, se alejaban disipando en el aire el recuerdo de cadenas y maldiciones profanas que se oscurecían en los techos del vagón y se volvían intermitencias de recuerdos y amenazas latentes.
En Vírgenes había un lapso de quince minutos. Nos bajábamos de a dos, padre hijo, madre hija para echar aguas y volver aliviados, con turrones de miel y chocolates con menta para el resto.
Esta ciudad fue mi elegida por ser amazona y progresista. Los no hombres se encargaban de cuidar los capullos de seda, que en caravana debían ser acunados hasta su nacimiento. Allí dejé mi gota de sangre como pacto de fidelidad hasta que me radiqué en abril de mil novecientos setenta y ocho, a los veinte años.
“El espacio es muy amplio - me adelantó Ninfa señalando las cuarenta habitaciones- pero con los capullos que vengan te irás acostumbrando”...y firmé un convenio para desarrollar treinta amazonas y cinco no hombres.
Mi misión terminó en el mil cincuenta. Abordé simplemente el mismo tren, me acomodé entre dos Agitadores Kids, que llevaban en sus manos sendos emepecuatros y espadas laser-del imperio contraataca. Esfedro supuso que no tenía sueño aún, y solamente pasó por mi lado con dos palmaditas.
Mi padre viajaba una vez al mes a Ciudad de los Jazmines porque era podador de planta permanente, y de a poco le había ido transfiriendo sus dones a mi hermano, el cual, para el año mil cuarenta y dos, ya había obtenido la llave de oro del intendente, por ser el mejor de su oficio.
Cuando llegábamos a Retorno, el tren iba aparcando cadenciosamente, softly acostado en el muelle del sol, un remanso de aguas tibias y tranquilas, un tanto sanguinolenta y nutricia, mi hermano y yo nos abrazábamos, ya sin cabellos, sin palabras concretas, solamente al eco amplificado de nuestra mamá, Alba, y esperábamos el ritual zodiacal del Universo, en el centro más hondo y alto y perfecto del cosmos, tibios, al amparo de nosotros mismos, viajando al retorno de la vida, con los flashes de la memoria de Esfedro y su fantasmal hechizo de sueños...

Sandra López Paz .(del libro "NICUENTOS SOLOS")

No hay comentarios:

Alianzas

Buscando poemas luminosos Crea un pacto con la tierra,        ella va adelante. Toma su rubor de hortensias       y limpia la frente. Dale u...