viernes, noviembre 13, 2015

ASCENCIÓN

Compartiendo con ustedes, mi vida



            dentro de algunas horas/me acercaré a tus muertos

            ciudad muerta/ latiré en tus latidos

            ciudad viva/pisaré mis pisadas


            ciudad huella
                                     M. Benedetti





Vean cómo el paisaje sube
desde sus pasturas
al silencioso  añil
del tiempo.

Las orillas espumosas
cristalizan los tesoros del mar
y se mueren los sueños
por las caracolas
             ¡triste Alfonsina!
Y sin embargo,
hay hambre y sequía
en los ojos mesopotámicos
                en las guarañas dulces
en las noches lunfardas.

El llano dorado de trigales
camina en los ojos gordos del ganado,
y camina la pampa en soledad…
              ¡ay esa extensión de la pena
                  bajo el ombú silenciado!
Hay tanta distancia
como hombres errantes
cuya guitarra se pierde.
Las estrellas frías
esperan su concierto
inacabado.

Y el cardón,
la colorida montaña
            y los mineros el trapiche
la poma su cintura azul
            los caballos alados su luna
los sentidos del norte
                    se declaran nulos
ante la noche sufragada
        y sepultada en los cañaverales
en la  exégesis
de la nada.
      ¡ay Maridela y tu guitarra absorta!.

Y ese sur
tan lejano historia fría
con un enorme témpano
dolor vitalicio
                ¡poemas con frío y orfandad!
No es el hombre que ha caído.
Es su brazo acostumbrado
a la mano abierta sin trabajo
con que recibe la miseria igualitaria.

Por la huella del lobo
el hombre se ha perdido.

Vean cómo su paisaje desciende
desde la más débil conciencia
al silencioso corazón
hecho piedra.



del libro "Americania. El fuego del árbol" (2015)


martes, septiembre 15, 2015

LIBACIONES

Compartiendo con ustedes, mi vida



"Tan lejos de la palabra-como la piedra-"
E. Dickinson

"correr hacia la estatua y encontrar sólo el grito"
J.Villaurrutia




Voy a la guerra
con mi pequeña vasija.
las palabras se han contraído
y sueñan ese vacío
donde he quedado.

 Esta es mi ofrenda
que se abre a tu voluntad
lágrimas que convierto en miel
                   ungüento del tiempo
melancolizado amor
en la puerta misma
me encuentra el sosiego
más mundano
         distrayendo la palabra
          del pan de los altares.

Buscando la poesía,
            en noches nectarinas
alucinada
bebo sensuales calaveras
de palabras.

Un último deseo
se consagra
sobre la roca
        verdad o consecuencia
para abordar
sus recónditos ojos
hacia el abismo
que sublimamos
con oraciones rosas.

Prometo dar
mi corazón
por ella.
E cuerpo de mi voz
el fluir del paso iluminado
la estrella de mis manos
que anida una esperanza.

A veces,
las urgencias
despuntan mi corazón viajero
                 y la veo pasar
inasible y misteriosa
             en los ojos del hambre
en las persecuciones
            en los ocasos con lágrimas
en los falsos profetas
            derramarse
en conjuros y letanías
y ella, la quemante,
          la inasible
amor consagrado
en fluidos eternos

vuelve en mi mar
y  en el oleaje
me ofrece su más bello
y cándido silencio.

Sandra López Paz (del libro Mis propios deberes)

miércoles, agosto 19, 2015

Antes de Sandra

Compartiendo con ustedes, mi vida

                                           Y los libros que fabriqué con pena
                                                                Oscar Corbacho
 
He morado en mi madre
tantas veces.
En su silencio
sus ocasos
            sus hábitos matutinos.
Su hambre de libertad
           sobre las rosas.
A dos eternidades de sus alas
he vagado en su distancia hostil
sin poder hablarle.
Gritando madre
desde las víceras
ha dejado pendiente
nuestro tiempos.

He tomado su corazón pleno
para decirle que la amo.
He vaciado su nombre
tantas veces
buscando mi arcano
pero ninguna se depone
                     ni se rinde.
Miramos los nudos
del pañuelo
para que afloren
los recuerdos dorados.

Me ha dado
la enciclopedia de sus horas
y de su sangre tengo
el ímpetu insurrecto
la medida exacta de los vaticinios
            cuánto esperar,
cuándo ha sido  vano
llorar por lo perdido.

Mi madre dice
todo se ha de cumplir
           a no remar , por lo tanto
           que  el corazón mira
           lo que nos concierne
verdaderamente.

De mi padre,
ese viaje tranquilo,
contemplación del mundo
que se inclina
a sus magias primigenias.
Mi padre tiene en mi mirada
la búsqueda de todos los tesoros
del micénico
y las palabras de oro
del barroco.
              De un hombre del campo,
             se heredan siempre
              sueños y nostalgias.

Ambos, en conjuro fatal,
son las salvas
de una guerra inminente,
el agua de los inciensos,
y el azul de la poesía
que me ha puesto
en la órbita
de un corazón sensible
de llama alta
de lágrimas en el cuenco
a punto de caer
e inundar la calle.

Deberían anclarme
en su estrella
         y  antes que nada
crearme nuevamente
en los ojos de Prometeo.

Hay
una sandra
infinitamente sola
detrás de ese tiempo
donde cabe el sentido
y el amor
de fundarlos
eternamente.


Sandra López Paz ( del libro   MIS PROPIOS DEBERES)

Labores

Compartiendo con ustedes, mi vida


                                        desplegando y tañendo
                                       mi lira obligatoria y rumorosa
                                       sé lo que soy
                                       y adonde va mi canto
                                                      P. Neruda





Con toda la buena intención
me apresto a cortar unos moldes.
Hay perfume a ocio
              cadencia de rocíos
sobre las telas nuevas.
En la misma mesa del almuerzo
y los poemas
              escritorio exhausto
se abren los moldes
que me darán el abolengo
de abuela costurera.
Los ojos de mis hijos
se fruncen
al tiempo deshilvanado.
Ellos tuvieron sus vestidos
improvisados
con puntillas sin grafía.
Los veo jugar
en rondas febriles
en mi costado.
Por el rabillo
me mezclan los talles
toman los retazos
y escapan al patio
             ¡espantapájaros!
Lo mismo que
la hoja en blanco,
me siento a esperar
la musa de los sueños
y sobreescribo las líneas
del pespunte.
 Las palabras van
solfilando la hoja
            centímetros más, centímetros menos.
La tiza se ha roto
               varias veces
en la espalda del figurín
como tantas otras
se han quebrado las palabras
en mi garganta.

Qué difícil tarea
decirles mi amor
con otras cosas
que el salario y la ausencia de los días.

Qué magia tiene
esta voluntad de exiliarnos
y perdernos  en la trama
de esa cómplice soledad
y deshacer el olvido
de las prendas
y las cartas.

Sobre la máquina inacabada
se deshila la página
nunca escrita
       suspendida por el trajinar de las palomas.

Cómo es posible
coser y escribir la eternidad
cantándole a la vida
                          si, afuera,
esas pequeñas ropitas
no cuentan su historia
con el debido amor
         y en la costumbre
nos hace invisibles.

Quiero coser mi sombra
     con tintas indelebles
a sus manos hermosas.
Como esas mujeres
cuyo perfume
exhala en sus retoños
a pesar de la pobreza
la sabia comprensión
del universo.

Quiero hacer
un pequeño pantalón
para mi Ulises.
He comprado
los hilos, la entretela
        y con firme decisión
iré por la prenda                    
para su invierno dulce.

El poema regresa
de sus noches
al corazón del molde
y me enciende.


Sandra López Paz (del libro Mis propios deberes)

miércoles, febrero 11, 2015

Camino a casa

Compartiendo con ustedes, mi vida



           porque todas las puertas dan afuera del mundo
                                    Mario Benedetti


No imaginas
la extensión
la línea blanca
       suspiros cansados al oído
          del conductor pobre hombre
pobre ser condenado al viaje perpetuo
 vítreo exorbitado
ojos de los esteros de cincuenta grados
en un mundo de salitre y mudez.
Las casas
abrazadas por el sopor
hologramas del desierto
            entre líneas lágrimas de herrumbre.
Por estos lados
                 en el caudal hipnótico
                 de la ciudad y sus elementos  fundidos
                  por artes, partes y polifemos
         -creo que todo el universo duerme
               y dormirá por cien años-
 apareces también
en mi entrecejo

entre sueños me abres la puerta
soñada por milenios
y conjuro tenerte siempre
siempre a mi lado.
A una cuadra
presiento tus pasos
            -alma mía, soy tu cáliz verdadero-
la calle se alarga en el viento
las glicinas perdidas vuelven
a su tiempo y sus brazos,
los vidrios repartidos
proyectan escenas distantes
y confusas donde me pienso,
mi corazón se abre.
 ¿Estás ahí, templario mío?
Dame una pequeña señal
           una implosión de amor
diciéndome que
he llegado.
 
Sandra López Paz, del libro "MINUTAS EN EL BAR TRISTEZA"







                

  

martes, diciembre 23, 2014

CREACIÓN DE LAS HORAS

Compartiendo con ustedes, mi vida

  


                              El alba se adelanta como puede y el barrio
                                                       la acepta, resignado.
                          ¿Cómo se hace esta luz?

                           Horacio Armani, Creación del día




Mientras ocurre la soledad
por la persiana
despuntan los sonidos
              su clarividencia
espejando el iris de las calles
abriendo los portones vencidos.

Y el pan cruje
en el ayuno del sueño eterno
y nos levanta hacia toda tarea
             -que de cualquier modo
                 marchitará lo creado-

Me acompañan-entonces-
los magos del tiempo
los decretos del hacer y el haber
y en mis arcas perdidas
                   sin mapas de tesoro posible
las cuestiones del deseo
                    relegadas al fondo de su propia espera
para otra mañana imposible.

Por acá tampoco
los gatos inmortales y extenuados
de los techos
saben nada de la luz.

¿Alguien sabe?
me he sentado por siempre
del mismo lado
de mi cama amanecida
y el alba llega
sin puntos cardinales posibles
a mis ojos doloridos
hinchados y sanguíneos
por la misma grieta
que llega el oxígeno
al  añorado descanso.

¡Que el tiempo me alcance!
Para las buenas intenciones del día.
                   Que alcancen los relojes
                   para los sueños pendientes
                                los controles médicos
                                -y citas afines con diferentes gurúes-
                                 las misas de bautismo
                              los saltos al abismo
                          los cuentos nieteriles
                      los exámenes
                   los espejos
               las agujas
            los impuestos
los mates con mis hijos...


Y en este vicio de ordenar el tiempo
en la primera hora
llena de aflicciones y supuestos
nada hay más firme
que mi cobardía
       el falso orgullo del optimista
y mis gritos castrenses
           ¡vaaaaamos, arriba!

Desprevenidos
los ojos  llegan a la tarde
liberados de tiempo
y aún queda
el enorme silencio de tus manos.

Sandra López Paz (del Libro Minutas en el bar Tristeza)

martes, septiembre 30, 2014

Demora

Compartiendo con ustedes, mi vida




Para tu tiempo
mi voz es un impulso vano
     que apenas tiende el pan.

Mi cuerpo se ha ido
por meridianos invisibles.
Mi cuerpo 
y sus palabras apuradas
los sabores estridentes
la primavera.


No entiendes
por esos enormes ojos
abyectos
de la calma.
Los días 
destilan mi ausencia
y -sin quererlo-
hasta
el reflejo en la cama
se ha ido borrando.

Es verdad 
          el absoluto silencio
                el frío de la frontera
                         la bandera fiel
                            que nunca desciende
                    la novela interminable
              lo inconcluso
           el salitre
       las goteras
 la oscuridad
las manchas irreprochables
     donde me diviso
     ángel desteñido
sin guarda 
ni palomas.

Qué es
esta demora,
implacable y ruda
que lleva
mis manos descalzas
por el tiempo.

Sandra López Paz (del libro "Minutas en el bar tristeza")

viernes, agosto 08, 2014

Noema de los Días Virtuales I

Compartiendo con ustedes, mi vida





Navego
los convites
        vastos y reciclados
flores y ángeles
       contranaturaleza
promesas
para dialogar en silenco
      entre una y millones
y-de tanto en tanto-
alguien no llama
         y alguien no responde
a la algarabía
diseñada y cargada
desde archivos
que  acumulan
y hacen más vacía
esta ausencia.

El fin
    ahora lo sé
es encontrar al dios
y exiliarnos
de estos fracasos
         de la soledad
               y-por si acaso-
nombrar el Todo
    los nombres
          las tragedias
              los milagros
       las cadenas
el mundo mismo
comprenderlo
en un solo acto
de efímera
significación.

Y por estos días
 convulsos
y relativos
en los cuales
falta el amor
falta el pan
y el abrigo se hace
un delgado comentario
de pobre inspiración
de obsesiones rutinarias
        evasiones improvisadas.

Y-de repente-
la belleza flagelada
el arte mutilado
sellado
conscripto
a las filas de tanto  
           colectivoego
auspiciado
declarado
de interés general
por el absurdo.

No,
el amor no se auspicia.
El amor
es un ser privado
de esos controles.
El amor
espera en esa puerta
su propio día
         la estrellita de Homero y Ulises
mis tejidos punto penélope
que caminan el tiempo
mis guisitos calientes
                      y reales
con muchas calorías
y  mágicos sopores
calmarían
la intemperie
devastada por
tantas advertencias.

De todos modos
vamos a callar
algún día.


Mientras,
apago este silencio
y me someto al viento
terrenal y caliente
de estos lados.

Mi amor
            afuera
-tal vez-
me espere.


Sandra López Paz (del libro MINUTAS EN EL BAR TRISTEZA)

martes, julio 01, 2014

SALMO

Compartiendo con ustedes, mi vida
 

Bienaventurada
tu piel
que me nombra
lejana  de mí
intémpora
sobre el fuego.

Bienventuradas
las ansias silenciosas
y el amor
de la sombra
que imagino
briosa y dulce
en mi cauce.


Bienaventurados
los  ojos
                  que dicen no ver
mi amor
          y su endecha
en manifiestos
hondos y situados.


Bienaventurada
la pobreza
que me obliga
a la abstinencia
de tu cuerpo perdido.

La demora
           la esperanza
               las señales metafísicas.
                Estos besos
               en las postales de campo
            el hábito de conversar
con tus pañuelos.

Bienaventurados
la lluvia
          y su elocuencia
que cercenan mi voluntad
para decirte después.

Y esa palabra
sin ángel
         que te trae
a mi regreso.

Sandra López Paz (del Libro Minutas en el Bar Tristeza)

Alianzas

Buscando poemas luminosos Crea un pacto con la tierra,        ella va adelante. Toma su rubor de hortensias       y limpia la frente. Dale u...